Hard Drivin’ (Genesis/Mega Drive)

Este juego fue el primer software poligonal que vi cuando era apenas un enano, recuerdo que lo primero que pregunté a un amigo del colegio “¿por qué se ve así?” y otro respondió sin dudar “… es porque es un juego en tres dimensiones…” bueno, la verdad es que la idea nunca cuajó para mi en esos días “¿de qué sirve ver en tres dimensiones si se verá así todo cuadrado?” en fin, cosas del destino: meses más tarde mi padre me lo obsequia junto a la 16 bits de SEGA.

Hard Drivin'
Carátula de Hard Drivin’ para SEGA Genesis

Hard Drivin’ más que un videojuego puede ser catalogado dentro de ese extraño limbo entre videojuego, demo técnica y conversión Arcade, con las limitaciones de la época, en 1991 un juego donde solo se podía seleccionar un vehículo y correr un solo circuito de dos tramos era perfectamente normal, Hard Drivin’ no sólo tiene el mérito de ser un intento por experimentar otras formas de concebir un software lúdico, sino que es una versión bastante conseguida de un Arcade que llevó el mismo nombre y que vió luz en 1989 de la mano de Atari Games Applied Research Group, TENGEN, Sterling Silver Software y la entrañable Domark; sin chips de apoyo, esta versión para la 16 bits de SEGA se comporta como debería, con todos sus defectos.

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Esta es la versión original de Arcade, es mucho más fluida y lograda que cualquiera para sistemas domésticos

Con un hardware tan limitado, podemos tener tráfico en la vía, aunque sean unas cajas que emulan ser vehículos y camiones, repeticiones aéreas de los accidentes y repeticiones instantáneas de nuestras victorias y luchar contra el “auto fantasma” conocido inicialmente como Phantom Photon. Este programa emula lo mejor que puede a su contraparte de salones recreativos: selección de la transmisión del vehículo, conducción por la izquierda o derecha, sistema métrico o imperial y sistema de rankings, Hard Drivin’ también fue parte del catálogo de Commodore Amiga, Lynx, Amstrad CPC, Atari ST, Commodore 64, Sinclair ZX Spectrum y PC, hay que resaltar que por motivos técnicos la versión Arcade es la que mejor sale parada, con mejor respuesta al volante y una cantidad bastante superior de cuadros por segundo con respecto a sus contrapartes en consolas y computadores domésticos, eso sí, de sensación de velocidad nada, en cualquiera de sus versiones Arcade incluso.

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Este es el único circuito de todo el juego, por alguna extraña razón siempre pense que había otro oculto

Y como todo juego Arcade la acción es muy directa, en Hard Drivin’ no seleccionamos circuitos ni avanzamos en varias pruebas, todo se basa en batir marcas en un solo circuito dividido en dos tramos: el primero bastante rápido donde las curvas amplias y las rectas predominan y el segundo donde se requiere más precisión y pericia para poder sortear obstáculos bien complejos como la curva inclinada casi al final del tramo o la inmensa recta en 360º responsable de muchísimos accidentes. No recuerdo que la jugabilidad haya sido tan terrible hace unos años, recuerdo que lo disfruté bastante, pero agarrarlo hoy y dar un par de vueltas es igual a tener un mal sueño donde la vida transcurre a cuatro cuadros por segundo, porque el juego se mueve a una velocidad de espanto y maniobrar el vehículo es un suplicio total, nada que unos minutos de práctica no solucionen (además que existen juegos mucho peores en este ámbito como Mig-29 Fulcrum de Domark para la misma consola), pero después de haber jugado decenas de juegos donde podemos elegir cualquier elemento y ver todo a sesenta cuadros por segundo hace que jugar a Hard Drivin’ sea un proceso de regresión bastante doloroso y curioso a la vez. Aunque Virtua Racing es un juego mucho más difícil de conseguir no esta de más la recomendación.

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Mucho más limitada que la versión Arcade, Hard Drivin’ para Genesis/Mega Drive intenta emular la experiencia original como puede

El principal problema de Hard Drivin’ es que no supo envejecer como sucedió con la gran mayoría de los títulos de conducción para 8 y 16 bits, el juego de TENGEN se ve, se oye y se juega horrible al día de hoy, no tiene modo multijugador a pantalla partida, ni modo campeonato, todo se basa en romper una y otra vez nuestros tiempos sin capacidad para guardarlos, ya sería pedir demasiado para una consola que apenas muestra unos pocos colores en pantalla y que encima ya podía mover polígonos a duras penas. Hard Drivin’ no es un juego para pasar horas y horas, es hoy por hoy una pieza curiosa que muestra eso que podía hacer la entrañable Genesis/Mega Drive.

Al final siempre prevalece el dicho “más vale quedarse con los recuerdos” pero lo que salva de la quema a la conversión de TENGEN es el hecho de ser uno de los primeros esfuerzos de llevar gráficos tridimensionales a nuestra querida 16 bits, Hard Drivin’ puede presumir de ser un intento de demostrar la potencia bruta de la consola de SEGA. Ya es bastante tarde para juzgar a esta clase de juegos como ya he visto en algunas revisiones en blogs muy conocidos donde lo catalogan como “el peor juego de conducción jamás programado para Genesis” o directamente “el peor juego para Genesis” incluso comparándolo con Virtua Racing donde la diferencia técnica y temporal entre ambos juegos es abismal, valiente tontería, pienso que Hard Drivin’ fue una propuesta extravagante y poco popular, podríamos catalogar el trabajo de TENGEN como una demo técnica, es algo que sucede todo el tiempo y no es algo reprochable en lo absoluto.

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